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UNA HORA POR DIOS

Toda bendición que tenemos viene de Dios. Y por eso damos gracias al autor de todas bendiciones. La Biblia nos exige dar el diezmo de todo lo que ganamos. El diezmo era el mínimo requisito de la ley en la cual todos los Israelitas ofrendaban al templo el 10% de todo lo que ganaban y hacían crecer (Levítico 27:30; Números 18:26; Deuteronomio 14:23; 2ª Crónicas 31:5). En el Nuevo Testamento nos da el ejemplo de la viuda que dio al templo dos monedas. “En verdad les digo, que esta viuda pobre echó más que todos los contribuyentes al tesoro; porque todos ellos echaron de lo que les sobra, pero ella, de su pobreza echó todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir (Marcos 12:41-44). En los Hechos de los Apóstoles capítulo 2, vemos como los Cristianos compartían todo lo que tenían, hasta vendiendo sus propiedades para repartir a todos según la necesidad. Y más que todo, la ofrenda más grande es la ofrenda de nuestro Señor de su vida para todos nosotros.

La Iglesia entiende que no todos pueden dar el mínimo de 10%. Para los que pueden hacerlo, gracias y sígueles haciendo. Los que pueden hacer más, que lo hagan. Ustedes saben que el Señor bendice a un corazón generoso. “Con generosidad le darás, y no te dolerá el corazón cuando le des, ya que el SEÑOR tu Dios te bendecirá por esto en todo tu trabajo y en todo lo que emprendas” (Deuteronomio 15:10).

Para nosotros que no podemos con 10%, se sugiere por lo menos, “una hora por Dios.” Este quiere decir que todos nosotros que tenemos trabajos damos como señal de agradecimiento y ofrenda al Señor la primera hora del trabajo. Al ir a su trabajo el primer día de la semana, en la primera hora, haga el esfuerzo de persignarse y ofrecer esta hora para Dios. Y el sábado o domingo que vamos a la Misa, ofrecemos la cantidad de lo que ganamos para esta hora. Si gano 5 dólares por hora, doy los cinco y si gano 10 ofrezco diez. Una hora de 40 horas de trabajo no es mucho. No es 10 % pero indica un corazón generoso que quiere agradecer al Señor por la bendición del trabajo las otras bendiciones recibidas. Hagamos la consciencia en la familia animando a todos los miembros de la familia que están trabajando, los papas, los hijos, los nietos, en tal forma nosotros, cada uno, hacemos real nuestra oración de agradecimiento al Señor. Y Dios que ve todo el esfuerzo de un corazón generoso, bendecirá  su generosidad.